El juego que representa al universo

  • Del Popol Vuh a las canchas de Cantona, Chichén Itzá y El Tajín, la práctica deportiva acompañó durante siglos la vida ritual, política y ceremonial de los pueblos mesoamericanos
  • Una costumbre comunitaria que pervive entre los pueblos originarios del territorio nacional 
  • Exposiciones, conferencias y demostraciones en distintas regiones del país acercan al público a una tradición que continúa vigente y forma parte de la agenda cultural del Mundial Social 2026, que organiza la Secretaría de Cultura del Gobierno de México

 

Una pelota de hule de la cultura olmeca, con más de 3,500 años de antigüedad, es una de las piezas más importantes del recién abierto Museo de la Grandeza Teotihuacana, en la Zona Arqueológica de Teotihuacan, a cargo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Procedente del sitio El Manatí, en Veracruz, forma parte de las evidencias más antiguas asociadas al juego de pelota en Mesoamérica; el objeto formaba parte de un conjunto de ofrendas depositadas junto a otras piezas rituales.

Milenios después, el Juego de pelota cautiva por su simbolismo y es una herencia prehispánica que conecta con raíces mitológicas como en el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas quichés, en el que se da cuenta como el sonido de una pelota que rebota en la cancha llega hasta el Xibalbá, el inframundo gobernado por los señores de la muerte. Molestos por aquel estruendo, los soberanos del mundo subterráneo convocan a los gemelos Hunahpú y Xbalanqué para enfrentarlos en su reino.

Asimismo, en la tradición nahua recogida en los Anales de Cuauhtitlan, el último gran gobernante de Tollan, Huémac, disputa un encuentro de juego de pelota contra los tlaloques, seres vinculados con la lluvia y la fertilidad. Tras derrotarlos, rechaza las mazorcas de maíz que le ofrecen como recompensa y en su lugar exige piedras preciosas y plumas valiosas. Su decisión provoca la ira de las divinidades y desencadena años de sequías, hambrunas y calamidades que precipitan la caída de la ciudad tolteca.

Al respecto, la secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, ha destacado que “el juego de pelota permite mirar el deporte desde una raíz profundamente mesoamericana: no sólo como competencia, sino como rito, ceremonia, arquitectura, vínculo comunitario y forma de entender el universo. En el marco del Mundial Social 2026, acercar esta tradición al público es reconocer que el patrimonio de México no pertenece únicamente al pasado; sigue vivo en las comunidades, en las zonas arqueológicas, en los museos y en las prácticas que nos permiten dialogar con nuestra historia desde el presente”.

El juego en el corazón de Tenochtitlan

Otro mito en el que el juego de pelota aparece como un espacio de encuentro entre el mundo humano y las fuerzas sobrenaturales forma parte de la peregrinación mexica. Según el relato, al llegar a Coatepec, Huitzilopochtli dispuso primero un teotlachco y un tzompantli.

En ese espacio sagrado tuvo lugar el enfrentamiento en el que Huitzilopochtli dio muerte a Coyolxauhqui y a los Centzonhuitznáhuah, sus 400 hermanos, episodio que simboliza el triunfo del Dios solar sobre las fuerzas de la noche. En conmemoración de estos sucesos se celebraban en México-Tenochtitlan las ceremonias de Panquetzaliztli. Fray Bernardino de Sahagún relata que la imagen del dios Painal descendía del templo de Huitzilopochtli y era conducida al teotlachco.

Para la arqueóloga Lorena Vázquez Vallín, investigadora del Programa de Arqueología Urbana del INAH, la disposición del Templo Mayor, el Teotlachco y el Huei Tzompantli dentro del recinto ceremonial reproduce el escenario del mito de Huitzilopochtli en Coatepec.

La identificación del antiguo Teotlachco, localizado en el predio de República de Guatemala 16, frente al Templo Mayor, fue resultado de más de un siglo de investigaciones. Vázquez Vallín recuerda que los primeros indicios surgieron en 1902, cuando el arqueólogo Leopoldo Batres recuperó un par de ofrendas durante la instalación de un colector de aguas negras en la entonces calle de Escalerillas.

Décadas después, en 1968, durante las excavaciones para la construcción del tramo del Metro entre las estaciones Allende y Zócalo, el arqueólogo Jordi Gussinyer localizó otra ofrenda vinculada con el mismo sector, aunque entonces todavía no se sabía que correspondía al espacio del Teotlachco.

Las investigaciones continuaron durante la década de 1990 con el Programa de Arqueología Urbana del INAH, que recuperó nuevas ofrendas y localizó otro segmento del edificio. El hallazgo decisivo llegó en 2014, cuando los arqueólogos descubrieron la escalinata de la plataforma que delimitaba el lado norte de la cancha y el muro interno septentrional. «Gracias a las excavaciones hoy es posible conocer con mayor certeza el tamaño, la forma y las características constructivas de la cancha principal», explica la especialista.

La arqueóloga señala que la identificación del Teotlachco fue posible gracias al cruce entre la evidencia arqueológica, las descripciones contenidas en los Primeros memoriales de fray Bernardino de Sahagún y la localización de otros edificios del recinto ceremonial. «Hemos ido completando el rompecabezas; se ha identificado el Cuauhxicalco, el juego de pelota, el Tzompantli… así es como vamos armando el panorama», resume.

Vázquez Vallín explica que las fuentes históricas mencionan la existencia de dos juegos de pelota dentro del recinto sagrado. El primero era el Teotlachco, alineado directamente con el templo de Huitzilopochtli; el segundo, denominado Tezcatlachco, aún no ha podido localizarse mediante excavaciones arqueológicas.

Las fuentes históricas también permiten identificar a algunos gobernantes como practicantes del juego. «Sabemos que Moctezuma Xocoyotzin, cuando recibe a Hernán Cortés, le muestra el juego de pelota», señala la arqueóloga. Fray Juan de Torquemada refiere además que el tlatoani practicaba este juego y llevaba en ocasiones a los castellanos a presenciar los encuentros.

Vázquez Vallín recuerda asimismo el célebre partido entre Axayácatl y el señor de Xochimilco, quienes apostaron territorios y bienes, muestra de que el juego se convertía también en un espacio de negociación y disputa política entre las élites mesoamericanas.

El asombro que provocó el juego de pelota trascendió el mundo mesoamericano. Los europeos del siglo XVI quedaron sorprendidos por la capacidad de rebote de las pelotas de hule, un material desconocido para ellos. En 1528, durante la estancia de Hernán Cortés en España, un grupo de jugadores indígenas realizó exhibiciones ante la corte de Carlos V. La escena fue registrada por el artista alemán Christoph Weiditz en su Trachtenbuch, considerado el testimonio gráfico europeo más temprano del juego de pelota mesoamericano.

Las grandes canchas 

El juego de pelota  fue plasmado en pinturas murales como las de Tepantitla, en Teotihuacan; en crónicas coloniales de autores como Sahagún, Durán, Motolinía y Torquemada; en códices como el Borgia, asociado con deidades, sacrificios y fuerzas cósmicas, y en manuscritos mixtecos como el Nuttall y el Vindobonensis, que representan canchas vinculadas con la vida ceremonial y política.

En Mesoamérica se considera que hubo canchas con diferencias en forma, dimensiones, orientación y elementos constructivos. También, coexistieron distintas modalidades, con reglas, implementos y formas de golpear la pelota, las cuales variaron según la región y la época. La modalidad más conocida consistía en golpearla con la cadera, aunque también hay variantes con antebrazos, mazos o bastones de madera.

Los relieves de la cancha sur de El Tajín constituyen uno de los registros iconográficos más completos del juego de pelota en Mesoamérica. Sus seis tableros muestran jugadores, sacerdotes, gobernantes, sacrificios y deidades vinculados a la ceremonia.

En este sitio de Veracruz se conservan una veintena de canchas de juego de pelota. Al noreste de Puebla, Cantona es uno de los asentamientos con mayor número, identificadas en Mesoamérica: las investigaciones arqueológicas han registrado 27, incluida la cancha más pequeña, conocida hasta ahora, de 13 metros de largo por 2.1 metros de ancho.

En Yucatán, Chichén Itzá alberga 13, entre ellas el Gran Juego de Pelota, considerado el mayor conocido en Mesoamérica. Mide aproximadamente 168 metros de largo por 70 de ancho, con muros de ocho metros de altura. Sus relieves muestran personajes vinculados al sacrificio ritual.

También, en Yucatán, especialistas del INAH consolidaron recientemente el juego de pelota de Chichán Panadero, descubierto en 2024. Fechada entre 800 y 300 a.C., es una de las escasas estructuras preclásicas excavadas de forma integral en el noroeste de la península.

En marzo de 2026, durante trabajos de investigación y restauración arqueológica en Toluquilla, en la Sierra Gorda de Querétaro, especialistas del INAH localizaron un marcador rústico asociado a una de las canchas del sitio. La pieza pertenecía a una etapa constructiva anterior y había permanecido oculta bajo modificaciones realizadas por los propios habitantes prehispánicos.

Mientras que en Chiapas, la antigua ciudad maya de Toniná conserva dos juegos de pelota integrados a un complejo arquitectónico de gran escala. La principal cancha del sitio fue reabierta al público en 2025.

El juego hoy

Más de 3,000 años después de sus primeras manifestaciones, el juego de pelota ocupa hoy plazas, museos y zonas arqueológicas. Como parte de la agenda cultural del Mundial Social 2026, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el INAH presentan exhibiciones, demostraciones, conferencias y exposiciones dedicadas a dicha tradición en distintas regiones del país.

Por ejemplo, se contemplan demostraciones en el Museo Nacional del Virreinato, en Tepotzotlán, Estado de México, los domingos 28 de junio y 26 de julio, a las 14 h, así como una presentación en la Zona Arqueológica de Tlatelolco, el 29 de julio, a las 18:20 h.

El Museo del Templo Mayor alberga las conferencias “El juego de pelota en Tenochtitlan”, hasta el 8 de agosto de 2026, los sábados de 10 a 12 h.

En Hidalgo, el Museo de Sitio Jorge R. Acosta de la Zona Arqueológica de Tula ofrece la exposición “El Juego de Pelota en Tula: El eco del movimiento divino”. Reúne piezas vinculadas con su práctica, entre ellas el marcador de juego de pelota de Atotonilco de Tula, una estructura monolítica de más de cuatro toneladas restaurada por especialistas del INAH, además de una pelota de caucho de aproximadamente cuatro kilogramos y una escultura en piedra de un jugador de pelota. La exposición permanece hasta el 31 de julio.

Mientras que en Oaxaca, el Museo de Sitio de Monte Albán presenta la exposición “El juego de pelota mixteca en Monte Albán: una práctica en las comunidades”, que reúne implementos, material fotográfico y contenidos dedicados a la práctica que está vigente en comunidades de la entidad y entre grupos migrantes establecidos en la Ciudad de México y Estados Unidos. El programa incluye además la conferencia “El juego de pelota en Monte Albán y el sur de México”, sobre las reglas, modalidades e historia de dicha tradición.

En Nuevo León, el Museo Regional de Nuevo León, El Obispado, presenta la exposición “El juego de pelota prehispánico”, un acercamiento a la historia y características de este ritual mediante materiales arqueológicos.

En Michoacán, el Centro INAH estatal tiene una exposición, charlas y demostraciones de la uarhukua o pelota purépecha, una variante del juego que se practica en comunidades de la entidad. Las actividades empezaron el 11 de junio y consideran representaciones en vivo, incluida una modalidad con pelota encendida, además de conferencias dedicadas a su permanencia durante la época colonial.

Durante junio y julio, especialistas del INAH guiarán al público por los juegos de pelota de Cantona, Puebla; Xochicalco, Morelos; Guachimontones, Jalisco, y Boca de Potrerillos, Nuevo León, como parte de las actividades de Travesías Arqueológicas. Las reservaciones se realizan en reservaciones@inah.gob.mx; mientras que, en el Museo Nacional de Antropología abre la exposición temporal “Tlachtli. Espacios del juego sagrado”, de Santiago Arau, abre el 25 de julio, informes en atencion.mna@inah.gob.mx.

La programación de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México vincula el patrimonio de las culturas ancestrales y del México prehispánico con actividades que lo relacionan con el futbol, pero también con las posibilidades de construir nuevas formas de entender el pasado y generar reflexiones alrededor de ello.

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