Arturo Fernández Téllez, el estudiante que desde joven “quería comerse al mundo”

Arturo Fernández Téllez, el estudiante que desde joven “quería comerse al mundo”

Su estancia posdoctoral en el Fermi National Accelerator Laboratory  (Fermilab), el acelerador de partículas más potente, ubicado en Estados Unidos, después del Gran Colisionador de Hadrones (LHC), del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN), lo colocó en la frontera del conocimiento, el cual trasladó a su natal Puebla, al fundar el Grupo Experimental de Física de Altas Energías en la BUAP, hacia 1992, y continuar el proyecto allí iniciado: el E-791, del que resultaron 46 artículos, de los cuales cuatro tuvieron más de cien citas cada uno.

Así, Arturo Fernández Téllez, académico de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas (FCFM), nivel III del Sistema Nacional de Investigadores, ingresó a la ciencia por la puerta grande y fundó uno de los grupos de mayor impacto científico en la BUAP (Física de Altas Energías), que ha contribuido a posicionar a la Institución en el primer lugar nacional en Física, según el ranking Best Global Universities 2018, de la revista U.S. News & World Report.

Un estudiante brillante; Rivera Terrazas lo contrató como su asistente

Si bien desde joven fue dedicado al estudio y desde entonces “quería comerse al mundo”, a la hora de definir su formación profesional, Arturo Fernández Téllez tuvo que convencer a sus padres, pues “no era muy claro que estudiar Física me llevaría a ser una persona exitosa como ser humano. Sin embargo, mis ganas de estudiar esta carrera eran enormes y nadie iba a detenerme” -expresa.

Así, el Premio Estatal de Ciencias, en Ciencias Exactas, en 2007,  ingresó a la licenciatura y maestría en Físico Matemáticas, en la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la BUAP, y obtuvo el grado de doctor en Física por el Centro de Investigaciones y de Estudios Avanzados, del IPN.

En la definición de esta vocación, refiere, “tuve la fortuna de tener profesores brillantes desde la prepa”, en la Cabrera Barroso: estudiantes de las licenciaturas en Física y en Matemáticas de la BUAP, con quienes tuvo su primer contacto con la ciencia.

Ya en las aulas universitarias, entre sus profesores figuraron el primer doctor en Física que llegó a la BUAP: Eduardo Cantoral. Así también, el ingeniero Luis Rivera Terrazas, quien contrató al brillante estudiante –que cursó la preparatoria con “puros diez y solo dos nueves”- como su asistente.

“Fue mi primer contrato en la BUAP, en 1982”, dice con un brillo en los pequeños y oblicuos ojos.

Una carrera científica sin relevos ni obstáculos

Su carrera científica –de Fermilab al CERN- ha sido una línea recta, sin relevos ni obstáculos. Con su grupo de trabajo, ha incidido en el prestigio académico de la Institución en su ámbito de estudio. Muestra de ello “es que la comunidad científica internacional trae conferencias importantes a la BUAP”, como la Conferencia de Física del LHC, que tendrá lugar en 2019, señala.

Sus líneas de investigación son la Física experimental de altas energías y astro partículas. Su Factor H (número de artículos publicados y de citas dividido entre el número de participantes) es de 54, por arriba de la media nacional, que se sitúa entre 13 y 16. Es autor de 225 publicaciones en revistas arbitradas, más de 20 artículos en memorias y 12 artículos de divulgación.

Tras su estancia posdoctoral en el Fermilab, en 1996, junto con el doctor Humberto Salazar Ibargüen -investigador de la FCFM-, inició su colaboración en el Observatorio Pierre Auger, situado en Malargüe,  provincia de Mendoza, Argentina, una iniciativa de 18 países en la que colaboran unos 450 científicos de más de 60 instituciones. Para el grupo de la BUAP representó la primera experiencia en diseño y construcción para la detección de partículas: el Water Cherenkov, un contenedor de agua de acero inoxidable que, a propuesta de los investigadores de la BUAP, cambió a tanques de plástico rotomoldeado, con lo cual el agua preservó las condiciones requeridas  -transparencia y alta pureza- para captar rayos cósmicos ultra energéticos.

Responsable del grupo de científicos de la BUAP en el CERN, en Ginebra, Suiza, desde hace 16 años, forma parte de los científicos mexicanos que intervinieron en la puesta en marcha del experimento ALICE-LHC de este importante centro. En 2002, este equipo propuso el diseño y construcción del Detector ACORDE, incluidos los circuitos electrónicos a cargo de investigadores de la Facultad de Ciencias de la Electrónica. En esta iniciativa compitieron con científicos de China e Italia.

Otra aportación es la incorporación de la investigación en el área de astro partículas, junto con académicos del Cinvestav, UNAM y Universidad Autónoma de Sinaloa, que integran el grupo mexicano en el CERN.

Al continuar y diversificar su trabajo en ese centro, otra de sus contribuciones es la Física difractiva.  Con sus colegas de la Universidad Autónoma de Sinaloa y del Cinvestav-IPN, propuso la construcción de un nuevo subsistema, a cargo del grupo mexicano: el Alice Diffractive Detector, el cual proveerá señales de disparo que permitan estudiar fenómenos difractivos en este experimento.

En pos de otros proyectos

Para el investigador, con su trayectoria académica y científica ha cerrado con éxito la carrera de 100 metros. Hoy, no obstante, algunos sueños lo desvelan.

Nacido en el seno de una familia de 10 hermanos -su padre, un obrero textil, su madre, hija de ferrocarrileros-, Fernández Téllez logró una sólida y larga formación académica, gracias a la universidad pública, de la cual dice:

Juega un papel crucial en el desarrollo del país, porque con recursos públicos se forma la comunidad científica. En países del primer mundo, esta tarea la tiene la universidad privada, de muy alto nivel; aquí, la instancia que procura el desarrollo científico es la universidad pública.

-¿Qué papel desempeña la ciencia en el crecimiento del país?

-La ciencia, sobre todo la básica, tiene un contacto muy fuerte con la tecnología de frontera, de punta. El desarrollo tecnológico de un país tiene que ver con la investigación científica, porque esta lleva a la generación de tecnología y a un beneficio social. El trabajo en Física de altas energías también nos ha llevado a plantear propuestas para contribuir a problemas de salud. Por ejemplo, el Centro de Excelencia en Física Médica Nuclear, terapia contra el cáncer usando partículas de altas energías, lo que se conoce como la protonterapia: ese es mi sueño, espero que el tiempo no me gane y verlo realizado antes de jubilarme.

Científico e inventor

En México –dice- hay talento e inteligencia. “Hay que dar facilidades a la juventud para que se desarrolle al máximo”. Su trayectoria, así lo demuestra.

Si bien el joven Arturo se visualizó como un físico de prestigio, pues desde entonces quería “comerse al mundo”, distaba de imaginar que su carrera científica lo llevaría por el camino de la invención tecnológica. A la  fecha, ha desarrollado dos patentes, registradas ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial: un contador lógico de partículas, y el ya conocido piano cósmico, cuyas teclas se activan y producen destellos de luz y un bit de sonido cada vez que recibe del espacio  partículas con carga eléctrica.

Este piano, que lo convierte en inventor -dice con orgullo e incredulidad-, se ha expuesto en México y otros países, en los festivales de Jazz de Montreux, en Suiza, y de BlueDot y WOMAD, en Reino Unido, por ejemplo. Otro de los hits de Fernández Téllez es haber desarrollado el internet en la BUAP, a principios de la década de los noventa del siglo XX, cuando si bien era ya una tecnología desarrollada en el mundo, en esta casa de estudios, pocos, muy pocos, comprendían entonces su alcance.