La Luz de la Nevera UDLAP cierra semestre con propuestas que exploran cuerpo, memoria y tiempo

La Luz de la Nevera (LDLN), espacio expositivo universitario de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) que abrió sus puertas a las propuestas creativas de sus estudiantes, concluyó su semestre de exposiciones con dos actividades: la exposición Centro sensible de Andrea Matus y la intervención artística de Erika Munguía.

Una de las últimas exposiciones presentadas en la Luz de la Nevera fue Centro sensible, de Andrea Matus, estudiante de la Licenciatura en Artes Plásticas, quien, a través de una instalación, plantea al cuerpo como un territorio donde las emociones se procesan, alojan y transforman. La pieza central de la muestra, Intens-tino, consiste en un tejido de crochet de aproximadamente nueve metros que representa el intestino de la artista y funciona como una metáfora de la acumulación emocional y de la estrecha relación entre cuerpo y sensibilidad.

Al respecto, Andrea Matus dio a conocer que la obra surge de “la relación que tengo con mi estómago, en cómo todas mis emociones se acumulan justamente ahí, y pensar más bien a mi estómago como mi primer cerebro”. Asimismo, detalló que, a través del tejido manual y repetitivo, la instalación construye un ritmo de atención y tránsito donde se entrelazan tiempo, cuerpo y emoción, haciendo del crochet no solo un recurso, sino un proceso de acumulación y liberación emocional. Finalmente, explicó el desafío que representó para ella realizar una instalación por primera vez: “fue un gran reto porque nunca lo había hecho, todo fue muy intuitivo y con ayuda de mis profesores se logró este resultado”.

Por otra parte, la estudiante Erika Munguía presentó una intervención artística centrada en los estratos del tiempo y las huellas contenidas en el propio espacio de La Luz de la Nevera. Su propuesta artística explora las dimensiones físicas, históricas, sociales y culturales de este recinto mediante el desgaste, lijado y horadación de las capas de pintura acumuladas. En ese sentido, su obra cuestiona la idea del “cubo blanco” como un espacio neutral de exhibición y propone una reflexión crítica sobre la materialidad del lugar y las marcas acumuladas a lo largo de unos 20 años. “Esta exposición habla del tiempo de manera física, de cómo poder visualizarlo. Me interesa mucho entender qué dice el mismo espacio (refiriéndose a la LDLN) y todas las historias que tiene detrás; no solo es un cubo blanco, tiene mucha vida por dentro”, concluyó Erika Munguía.

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