La vacunación como deber moral e imperativo de salud pública: una cuestión de responsabilidad social, solidaridad y cuidado colectivo

Sé grande en tus actos, como lo has sido en tus pensamientos.

William Shakespeare

 

El impacto global de la vacunación en la reducción de la carga de enfermedades infecciosas.

La vacunación salva millones de vidas cada año al inducir respuestas inmunitarias que previenen enfermedades graves, brotes de enfermedades infecciosas y mortalidad. Esto es, la vacunación como una de las principales intervenciones de salud pública, ha evitado a nivel global aproximadamente 154 millones de muertes en los últimos 50 años, principalmente entre niños. La vacunación, como una de las principales intervenciones de la salud pública, se ha reconocido desde hace dos siglos, como una de las herramientas más eficaces en el control de enfermedades infecciosas y en el incremento de la esperanza de vida al nacer, así como en el combate de la resistencia a los antimicrobianos.

La vacunación: proteger la salud individual y colectiva mediante la estimulación del sistema inmunológico

El objetivo principal de la vacunación ha sido en forma tradicional, el de estimular el sistema inmunitario del cuerpo para que desarrolle inmunidad contra patógenos específicos, como virus o bacterias. Esto se logra generalmente mediante la administración de una vacuna que contiene formas debilitadas o inactivadas del patógeno o sus toxinas. Una vez vacunado, el cuerpo puede reconocer y combatir el patógeno con mayor eficacia si se expone a él en el futuro, previniendo así la infección o reduciendo su gravedad. Sin embargo, actualmente existen nuevos desarrollos tecnológicos para crear vacunas con otras perspectivas preventivas y terapéuticas, destacando la producida contra COVID19 que utilizó el ARNm (transmite información genética desde el ADN); pero también actualmente se ensayan las que utilizan vectores virales en vacunas, como un vehículo inofensivo para transportar instrucciones genéticas específicas de un patógeno a las células del cuerpo. El propósito principal de estas nuevas plataformas, es enseñar al sistema inmunológico a reconocer y combatir virus o bacterias reales sin causar la enfermedad, activando una respuesta inmune celular y humoral robusta. Otras innovaciones como parches de microagujas (administra vacunas a través de la piel utilizando diminutos conos solubles), vacunas terapéuticas para cáncer (son un tipo de inmunoterapia diseñada para tratar tumores ya existentes entrenando al sistema inmunitario para que reconozca y destruya células cancerosas) y plataformas de base estructural (utilizan la biología estructural, la computación y la ingeniería molecular para diseñar inmunógenos precisos basados en la estructura tridimensional de los antígenos) prometen mejorar la logística, administración y eficacia de las vacunas, superando los métodos convencionales.

La vacunación es un acto de solidaridad porque no solo protege la salud individual, sino que crea inmunidad colectiva (o de rebaño).

Además de prevenir casos individuales de enfermedad, la vacunación desempeña un papel crucial en el logro de la inmunidad colectiva (“de rebaño”), también conocida como inmunidad de grupo. La inmunidad colectiva se produce cuando una proporción significativa de la población es inmune a una enfermedad infecciosa específica, ya sea mediante la vacunación o una infección previa, lo que reduce la transmisión general del patógeno. Esto ayuda a proteger a quienes no pueden vacunarse, como las personas con ciertas afecciones médicas o sistemas inmunitarios debilitados, así como a los recién nacidos que son demasiado pequeños para recibir ciertas vacunas. La conveniencia de la vacunación está determinada por la presión pública, ante el temor al contagio, y por el Estado, interesado en limitar el riesgo de la enfermedad. Ante todo, este escenario del beneficio ampliado de vacunación, el poder lograr y mantener la inmunidad colectiva requiere altas tasas de cobertura de vacunación en la población. Es bien conocido, que cuando las tasas de vacunación caen por debajo de cierto umbral, la inmunidad colectiva puede verse comprometida, lo que provoca brotes de enfermedades prevenibles mediante vacunación. Este fenómeno se ha observado en los últimos años con el resurgimiento del sarampión en varios países donde la disminución de la cobertura, reticencia a la vacunación y la desinformación han dado lugar a tasas de inmunización subóptimas.

La vacunación es un asunto de salud pública: es un compromiso moral y un acto de responsabilidad compartida

Garantizar el acceso equitativo a las vacunas y mantener elevadas tasas de cobertura vacunal son esenciales para maximizar los beneficios de la inmunización y salvaguardar la salud pública en los años venideros. Debemos de enfatizar que la vacunación no es solo una elección personal, sino implica una obligación moral para proteger a la comunidad, especialmente a las personas vulnerables que no pueden vacunarse. Conlleva a actuar por el bien común para lograr la inmunidad colectiva, reduciendo así la transmisión de enfermedades y promoviendo la salud pública. Uno de los diez riesgos para la salud pública, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, es la reticencia a la vacunación. Por consiguiente, las posturas antivacunas, a menudo denominadas reticencia o rechazo a la vacunación, se deben a una compleja interacción de temores sobre la seguridad, desconfianza en las instituciones, creencias ideológicas y la difusión de información errónea. Si bien el consenso científico respalda firmemente la seguridad y eficacia de las vacunas, el sentimiento antivacunas ha existido durante siglos, y las preocupaciones actuales a menudo reflejan temores históricos. A este respecto, los grupos antivacunas plantean consideraciones anti-éticas centradas en la autonomía individual, la libertad personal y el escepticismo hacia la autoridad estatal y médica, que a menudo entran en conflicto con los principios de salud pública de no maleficencia y beneficencia. Sus argumentos contra el bien común priorizan los derechos parentales, la integridad corporal y la salud natural percibida por encima de las vacunas obligatorias. Por consiguiente, es muy relevante poner énfasis en la responsabilidad social, que es un contexto ético donde los individuos y la sociedad en su conjunto, debe actuar en beneficio de la sociedad.

Posición antivacunación: es un dilema anti-ético en prejuicio del cuidado colectivo

En este mismo orden, una visión egoísta de los padres que deciden no vacunar a sus hijos sin datos consistentes debe considerarse imprudente desde un punto de vista social y ético. Decidir en contra de la vacunación, sin conocimiento informado y por prejuicios personales, puede considerarse una actitud errónea e injusta, en donde se prioriza un supuesto “beneficio personal” sobre el bienestar común. El ejercicio de la vacunación es considerado un acto de política pública más que una simple decisión individual, debido a su contribución en el logro de la inmunidad colectiva y la protección de las poblaciones vulnerables. La autonomía personal en la vacunación es un principio fundamental de la bioética que, por regla general, es permisible y respetado. Sin embargo, no es un derecho absoluto y puede limitarse en situaciones específicas donde la salud pública se ve gravemente comprometida. En conclusión, promover la vacunación es una actitud responsable hacia la salud propia y ajena. Este enfoque de responsabilidad individual contribuye al bienestar de la sociedad y del individuo, manifestándose en la preservación de la salud y una actitud positiva hacia los demás.

 

Por el Dr Eduardo C Lazcano Ponce

Director General del Instituto Nacional de Salud Pública

Miembro del Consejo Consultivo de la Licenciatura en Médico Cirujano de la Universidad Anáhuac Puebla,

 

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