Sin infraestructura no hay desarrollo: la falta de obras evidencia el fracaso de la política económica del gobierno actual

Cuetzalan del Progreso, Puebla. La carencia de obras públicas prioritarias en las comunidades rurales, el deterioro sistemático de los caminos de la Sierra Nororiental y la parálisis de los servicios básicos en los municipios son el resultado directo de un modelo económico y político que prioriza los intereses de las élites financieras mientras condena al pueblo trabajador a la marginación y al rezago histórico, dijo Marcos García Jiménez, dirigente del Movimiento Antorchista en la región de Teziutlán.
Ante la falta de soluciones reales por parte de los gobiernos en turno, la población de la comunidad de Texochico se ha visto en la necesidad de movilizarse y organizarse en unidad para exigir ante las autoridades municipales proyectos de pavimentación y desarrollo, con el respaldo decidido del Movimiento Antorchista.
Durante una asamblea de seguimiento a las gestiones comunitarias realizada con los pobladores de la localidad y en presencia del presidente municipal de Cuetzalan, García Jiménez denunció que la política de desarrollo del actual Gobierno Federal prioriza el gasto en megaproyectos orientados al gran capital extranjero y el reparto individual de programas asistenciales. Esta estrategia, lejos de resolver la pobreza de fondo, busca únicamente comprar la voluntad popular, administrar las necesidades de los poderosos y conservar el poder.
El líder social explicó que el recorte presupuestal a la infraestructura básica ha dejado a miles de pueblos en el abandono. En la Sierra Nororiental, la falta de caminos pavimentados frena el traslado de las cosechas agrícolas, impide el ingreso de unidades de transporte público y obstaculiza la atención médica de urgencia para las familias humildes, evidenciando que el discurso oficial de «primero los pobres» es solo una consigna electoral desprovista de transformación real.
El análisis de la organización señala que la crisis actual es producto de una clase política tradicional que, sin importar las siglas que abandere, sirve a los mismos patrones económicos: puso de ejemplo a la falsa izquierda institucional que hasta ahora ha demostrado su incapacidad estructural para romper con las dinámicas de acumulación del capital, administrando el Estado mediante el control político y recurriendo a la cerrazón cuando el pueblo exige el cumplimiento de sus derechos elementales.
«A través de la historia, los grupos políticos han prometido defender al pueblo para terminar sirviendo a las grandes empresas. Hoy vemos cómo se destinan cuantiosos recursos públicos a respaldar parques industriales y proyectos privados, mientras los gobiernos locales se quedan sin fondos para responder a las demandas urgentes de caminos, hospitales y escuelas», puntualizó García Jiménez.
Frente al desencanto generalizado y el deterioro de la calidad de vida de las familias trabajadoras, el Movimiento Antorchista reafirma que la salida no vendrá de promesas electorales ni de salvadores individuales, sino del crecimiento de una fuerza social educada, disciplinada e inconforme.
Ejemplo indiscutible de que el pueblo organizado puede transformar su entorno son municipios como Tecomatlán y Huitzilan de Serdán. En estos municipios, la gestión de la autoridad emanada de las filas populares ha permitido construir una infraestructura de primer nivel que incluye centros de salud equipados, unidades deportivas, espacios culturales y un sistema educativo integral que abarca desde la educación inicial hasta el nivel superior, garantizando además un clima de tranquilidad y seguridad ciudadana.
Al respecto, el dirigente regional enfatizó: «Estos municipios contradicen la forma tradicional de gobernar porque allí no manda la ambición individual, sino la decisión del pueblo organizado. Han demostrado que cuando la clase trabajadora coloca al frente del gobierno a sus propios representantes, los recursos públicos se traducen en obras de verdadero impacto social y no en propaganda política”.
La edificación de una sociedad justa exige superar la gestión asistencialista y transitar hacia la transformación sistemática y sostenida a través de la resolución de las necesidades del pueblo, aquellas que le permitan abatir el rezago social de las familias—como la pavimentación de un camino o el equipamiento de un centro de salud.
El Movimiento Antorchista hace un llamado fraterno y combativo a los campesinos, obreros, colonos y estudiantes de la región a incorporarse de manera consciente a las filas del trabajo organizado, comprendiendo que la meta final de la organización popular trasciende la resolución de demandas inmediatas.
«Únanse a nosotros, conozcan el trabajo de Antorcha. Hemos logrado obras decisivas para miles de comunidades, pero nuestro objetivo superior no es solo gestionar servicios, sino concientizar a las grandes mayorías para tomar democráticamente el poder político y ponerlo al servicio de la clase trabajadora», concluyó el dirigente.